El árbol

Año 2020
 Él, que estaba marchito, que sus ramas comenzaban a quebrarse por el peso de la soledad. Su tronco cansado de sostener esa copa que un tiempo atrás fue frondosa, llena de hojas verdes y brotes que florecían en cada primavera.  Sus hojas se fueron secando y cayendo de una por una sin poder detenerlas, pues no hubo quien regara con palabras de aliento y apoyo su alma. Estaba cansado de esperar quien cuidara sus brotes, quien retirara sus hojas secas o acariciara sus ramas y tronco. Sus raíces eran tan profundas que se había resignado a esperar una lluvia de esperanza o morir de pie.   Fue casi al término del verano que un huracán llegó, extremadamente raro debido a la estación del año, pero era justo lo que necesitaba para poder limpiar sus hojas, regar su copa y humedecer sus ramas.  A pesar de los estragos que el huracán causó, este árbol recibió por fin lo que necesitaba, pues con él llego quien regara con palabras de amor todo su ser, quien abrazara su tronco y cuidara cada una de sus hojas. No importó que tan profundamente afianzada se encontraba su raíz, pues sabía que en esas tierras áridas no volvería a florecer y decidió trasplantarse. Estamos en pleno otoño y él se encuentra reverdeciendo, se le ve feliz, sus colores son brillantes y no opacos como solían ser, aun no hecha raíces, pero sabe que tarde o temprano lo hará. No se siente tan solo, ni perdido pues un retoñito lo acompaña. 



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